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Zenaida Urbano Taylor ||39 //
?Minúsculas? de Gonzalo

El pasado sábado 13 de agosto falleció el padre Gonzalo Paz Cañadas, sacerdote cartagenero nacido y criado en la calle don Sancho. El clima espiritual que acompañó sus exequias, como los testimonios de sus familiares, feligreses y hermanos sacerdotes nos hablaron de un hombre de vida sencilla y generosa que hablaba a Dios poco a poco y con paciente amabilidad.

Este año, una vez que Gonzalo estuvo libre de la responsabilidad que demanda el cuidado de una parroquia, compartí mucho más con él. Desde hacía 6 meses me colaboraba en la parroquia de Santo Domingo en confesiones, guía espiritual y era un gran apoyo en las celebraciones y el despacho parroquial.

Permítanme compartirles las memorias de nuestros últimos diálogos, en la sacristía de Santo Domingo; diálogos francos y abiertos sobre la piedad popular, nacidos del acompañamiento que hacíamos a las personas que cada día llegaban al altar del Santo Cristo de la Expiración.

Gonzalo siempre tuvo claro que hay muchas otras formas de orar a Dios, distintas a las que enseña el seminario.

© Zenaida Claret Urbano Taylor

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Formas que Dios escucha, entiende y acoge con amor.

Desde su tiempo como párroco en este santuario, estuvo atento a quienes se acercaban en silencio a rezar ante el Santo Cristo: ?Aquí llega tanta gente apurada como contenta.

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También llegan aquellos que se les nota que viven bastante distantes de Dios, pero se acercan por algún motivo.

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Igualmente están los que no saben si creen o no creen. En todo caso la devoción al Santo Cristo es la oración sencilla de la gente de Cartagena que desde lo hondo de sus vidas le rezan a Dios con minúsculas.?

Sacamos dos conclusiones: la primera es que Dios entiende las lágrimas de esa madre soltera, humillada y sola, abandonada por su marido y agobiada por el cuidado de sus hijos, que pide fuerza y paciencia, sin saber siquiera a quién dirige su petición; y la segunda: Dios también escucha el corazón afligido del enfermo, alejado de Él que, mientras lo meten al quirófano, piensa en Dios sólo porque el miedo y la angustia le hacen agarrarse de lo que sea.

En algún momento me compartió el caso de un señor que le pidió que le bendijera un cirio.

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Todos sabemos cómo manejaba estos casos. No obstante, me dijo: ?cuando lo escuché no pude ser indiferente ya que a su esposa le habían diagnosticado un cáncer y le habían pronosticado sólo un mes de vida.

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Ni se acordaba de las oraciones? ni sabía cómo hacerlas. Sólo sabía encender una vela. Yo bendije el cirio, lo acompañé a encenderlo, y oramos juntos. Antes de que se fuera, llorando, aproveché para decirle que esa luz era una oración muy buena que Dios escuchaba?.

No olvidemos a Gonza, que ha sabido recordarnos que Dios a todos nos escucha con amor.

 

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