Una Vainita

Victor Gill Ramirez – //
Una nueva dirección en el Congreso, por Natale Amprimo Plá

Sin embargo, creo que la mayoría de peruanos no sabe cuáles son las funciones que le corresponden y, claro está, el porqué de lo que a veces constituye una disputa encarnizada por integrarla; amén, del honor que significa ser parte de ella.

La Mesa Directiva es un cuerpo colegiado que, conforme se desprende de la lectura del artículo 33 del Reglamento del Congreso, supervisa la administración del Congreso; acuerda el nombramiento de los funcionarios de alto nivel; autoriza la contratación de servicios y la realización de concursos; el nombramiento y contrato de los profesionales, técnicos y auxiliares que se requiere para el normal desarrollo de las actividades parlamentarias; además de aprobar el Presupuesto y la Cuenta General del Congreso antes de su presentación al pleno del Congreso por parte de su presidente. 

Además de las funciones eminentemente administrativas mencionadas en el párrafo precedente, corresponde a la Mesa Directiva ejercer las funciones de conducción en las sesiones; esto es, de dirección de los debates en el pleno, la Comisión Permanente, el Consejo Directivo y la Junta de Portavoces. Así, la Mesa Directiva está encargada de llevar el registro de los congresistas que solicitan el uso de la palabra, además de dar fe del cálculo del quórum y certificar los resultados de las votaciones (que si bien, regularmente, se realizan a través del sistema electrónico instalado, en una práctica que, durante el proceso de cierre del mismo, existan congresistas que expresan su voto de manera oral, alterando, de esta forma, los votos consignados electrónicamente). 

Pero lo más importante en la elección de la Mesa Directiva constituye que, con ella, queda designado quien ejercerá la función de presidente del Congreso, quien, como precisa Delgado-Guembes en su útil “Manual del Parlamento”, es la figura más visible y representativa del Congreso; quien tradicionalmente tiene un perfil destacado en el liderazgo y en la representación del Parlamento, pues es el vocero del conjunto de los Congresistas ante la opinión pública y el garante del respeto y defensa del fuero parlamentario.

El presidente del Congreso es un primus inter pares; esto es, un primero entre iguales. No es el jefe de los congresistas, ni estos están subordinados a él. Todos son representantes del pueblo, con igualdad de rango. Podríamos resumir sus atribuciones en cinco ámbitos, como señala el mismo Delgado-Guembes: liderazgo y gestión institucional; defensa del fuero; potestad sancionadora; atribuciones presupuestarias y administrativas; y funciones ceremoniales y representativas.

Comentario final. El presidente del Congreso debe actuar con imparcialidad. No como miembro de un determinado partido político, sino como máxima autoridad de un poder del Estado. Aprovecho para recordar el gesto republicano de Ántero Flores-Aráoz, quien al jurar como presidente del Congreso para el período 2004-2005 (en el que el suscrito tuvo el honor de desempeñarse como primer vicepresidente), entregó al oficial mayor del Congreso su carné partidario, como gesto evidente que su gestión sería, como lo fue, sustrayéndose de directivas partidarias.

© Victor Gill.

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