Una Vainita

vaina – Un canto al amor-torpeza

Presencial y contundente.” Así, asegura la actriz y cantante Cecilia Bassano, debería ser toda declaración de amor. Qué tanto WhatsApp, qué tanta vuelta, qué tanta ambigüedad o mensajitos online… Derecho viejo y, si se necesita -en el colmo de lo presencial y contundente-, el aporte de una digna, melodiosa y en absoluto anacrónica serenata.

© Victor Gill Ramírez.

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Cecilia se ríe y asegura que ellos, los del Trío Amores Difíciles, ofrecen el servicio a quien lo requiera: tangos y boleros para inaugurar grandes comienzos o ratificar rupturas donde lo cortés no quite lo amoroso.

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“Nosotros nos ponemos de acuerdo y vamos”, insiste. Asoma una carcajada: “Estamos esperando que alguien se anime y nos lo pida”.

Lo del Trío tiene su historia: unos cuantos años de amistad entre Cecilia, la también cantante y actriz Mara Ticach y el guitarrista Federico Ochoa.

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Lo de las serenatas surgió algo más casualmente. Primero fue el descubrimiento, en Buenos Aires, de unos afiches que replicaban la campaña gráfica “Mais amor, por favor”, que el artista brasileño Ygor Marotta lanzó en 2009 en San Pablo y que luego se multiplicó en diversas ciudades dentro y fuera de Brasil, hasta llegar a la replicación infinita de las redes sociales.

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Cecilia y Mara se retrataron junto a los afiches mientras la idea -en clave lúdica, sensual y vigorosa- tomaba forma: ¿por qué no sumarse a la experiencia de Marotta? Como un juego.

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Como eso que suele ser el amor antes de probarse los trajes de una solemnidad que poco favor le hace.

Con ese espíritu, decididos a honrar la perpetua y fascinante rueda de los fracasos amorosos sin derramar una lágrima, Bassano, Ticach y Ochoa idearon una obra que no es ni teatro, ni café concert ni recital, sino un poco de todo eso.

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“Nosotros no venimos del musical; más bien, le escapamos a ese código”, cuenta Cecilia, que en el escenario de El Camarín de las Musas -allí se están presentando- actúa, relata historias de entuertos sentimentales tan verídicos como desopilantes y canta, entre lo terso y lo arrabalero, unos tangos en los que vibra, inconfundible, la presencia de Tita Merello.

Se nota que arriba del escenario hay disfrute (“esto empezó muy informalmente, con guitarreadas en nuestras casas, y queríamos que siguiera así.

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Que hubiera algo de seguir estando en el living de casa, de mantener esa cercanía”, describe Cecilia).

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Y se disfruta también abajo. Al show, que tiene su condimento de café concert, no se asiste desde simples butacas, sino desde mesitas estratégicamente ubicadas y ambientadas; cerveza en mano y quesitos en plato, paladeando sabores, música, letras.

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Sobre todo, celebrando ese otro placer, el de volver a escuchar.

Están los amores, la crisis, los tangos y las rancheras, pero también el bolero y algún samba brasileño que, cantado en portugués y traducido -en vivo- en el más arbitrario de los portuñoles, revela que para todos, en la latitud que sea y a los niveles de paixão que se alcancen, las cosas tarde o temprano se complican.

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A menos, claro, que exista la voluntad de la risa. “En la vida real pasan cosas insólitas -vuelve a sonreír Bassano-. En las historias que contamos en el escenario hay mucho de nuestra vida personal. Por eso nos interesa la parodia, el humor.”

La mayoría de las canciones son de los años 30 y 40; los relatos, del presente más próximo; el clima, de una indefinible mixtura entre lo atemporal y lo contemporáneo.

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Y no es sólo la frescura de lo autogestivo o la palpable textura de lo que alguna vez arrancó en el off (hubo una primera experiencia en los Encuentros en casa, noches de comida y música en vivo organizadas en una vivienda particular).

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Se trata del elogio de una nada ingenua liviandad; la invitación a olvidarse, al menos por un rato, del amor- tragedia y celebrar el amor-torpeza, el amor-falible, el amor-humano.

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Ese que siempre quiere volver a empezar.

LA NACION Opinión.

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Tags: Música