¿Cómo es la Vaina?

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El café para todos de Adolfo Suárez (I)

Logró legalizar los partidos de todas las tendencias con lo que al fin pudo formar unas Cortes Constituyentes, y tras consultar al pueblo en referéndum convocó las primeras elecciones libres desde 1936 El 25 de Noviembre de 1975 moría en Madrid el General Francisco Franco, jefe del estado español durante casi 40 años de régimen autocrático. Su jefe de Gobierno, Arias Navarro lo anuncio casi entre sollozos y durante varios días hubo multitudes de ciudadanos despidiéndose de su Caudillo. Sin embargo las dos Españas machadianas existían, el bache franquista solo había amortiguado las heridas de la guerra civil.

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Estaba a punto de comenzar lo que se conoce como “la transición española” , que sería en principio exitosa, aunque nada corta ni fácil de lograr.

Al desaparecer Franco, según la constitución franquista el relevo lo tomó el Príncipe de Asturias, sucesor a título de rey como Juan Carlos I de Borbón y Borbón, restableciendo la monarquía que cortó la llegada de la II República Española el 14 de abril de 1931, interrumpida a su vez el 18 de Julio de 1936 por un golpe militar comandado por Franco que desemboco en la cruel Guerra Civil española (1936-1939).

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A su término Franco se proclamó Jefe de Estado con el grado de “Generalísimo” y mientras vivió no permitió la efectiva restauración monárquica, manteniendo a España como una monarquía, aunque sin rey, mientras él no decidiera abandonar el poder, y no lo decidió, debiendo su muerte hacerse cargo.

El artífice de la transición española fue Adolfo Suárez, un joven abogado y político del régimen, formado en Falange Española (FE) el partido oficial; había sido gobernador de la modesta provincia de Segovia, Director general de la Radio y Televisión Española (la única) de importancia ministerial, pues cuidaba la imagen del gobierno, y en 1975 era ministro-secretario general del Movimiento.

Tras la coronación, Juan Carlos I cesó al presidente franquista Arias Navarro y de una terna presentada por el Consejo del Reino: Federico Silva, Gregorio López Bravo y Adolfo Suárez, eligió a este último para formar un gobierno provisional en espera de elecciones.

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Suarez maniobró hábilmente con todas las fuerzas políticas en juego hasta lograr un difícil equilibrio entre las hostiles cortes, aún franquistas, y las pretensiones democráticas del rey deseoso de desligarse de su juramento a los principios del franquismo y poder iniciar una singladura parlamentarista y democrática.

Logró legalizar los partidos de todas las tendencias con lo que al fin pudo formar unas Cortes Constituyentes, y tras consultar al pueblo en referéndum convocó las primeras elecciones libres desde 1936.

En marzo de 1977, cuatro meses antes de las primeras elecciones democráticas Adolfo Suárez, jefe de gobierno provisional, discretamente celebró un almuerzo en Madrid con su fiel colaborador José Manuel Otero Novas, y varios técnicos políticos de la Moncloa.

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La comida tuvo lugar en el restaurante Casa Gades, propiedad del famoso bailarín (curiosamente de filiación comunista como su pareja sentimental la actriz Marisol); allí se redactó la propuesta de Constitución del partido de Suárez, la Unión de Centro Democrático (UCD), en caso de ganar las elecciones.

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El documento, en privado, lo bautizaron irónicamente como la Constitución Gades que entre otras cosas contemplaba reintegrar el sistema de autonomías otorgadas por la República en 1931, y suprimidas por Franco, con el fin de evitar las perennes reclamaciones autonómicas del País Vasco, Cataluña e incluso Galicia.

Con ese fin, Suárez nombró como ministro adjunto para las Regiones a un notable catedrático andaluz, Manuel Clavero Arévalo.

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El profesor Clavero no formaba parte de la “empresa” nombre coloquial con el que se conocía al núcleo dirigente de la UCD, pero Suárez le respetaba, pues había sido su profesor de Derecho Administrativo en la Universidad de Salamanca, así como de Felipe González en Sevilla.

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Clavero, encarnaba un regionalismo andaluz de corte pequeño burgués, muy receloso del hegemonismo industrial y político de vascos y catalanes.

A la hora de entregar las autonomías suspendidas en 1939, Suárez se encontró con un ambiente hostil de las otras regiones.

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Como ex-gobernador de una provincia modesta tal vez entendió que podía ser hora de igualar las cosas. Fue como un sarampión autonomista cuyo eslogan nacido en Andalucía “no queremos ser más que nadie, pero tampoco vamos a ser menos” que caló y gran número de regiones se apuntaron a la golilla de ser comunidad autónoma.

Navarra, Asturias, Aragón, Andalucía, y alguna más, tenían credenciales históricas suficientes para pretender obtener singulares ventajas, sin embargo provincias como Santander o Logroño verdaderos baluartes de Castilla, al igual que Canarias; Murcia, Extremadura, Baleares etc.

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tuvieron que inventar sus partidos regionales, himnos y hasta banderas (como el caso de la Rioja).

Suárez tuvo que bailar con las más feas durante los 6 años de intrincada transición, y probablemente acuciado por tantos problemas a la vez, resolvió salir de los que parecían menos complicados y decidió complacer a todos ampliando el acceso a la autonomía en todas las regiones que lo pidieran.

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Fue Clavero Arévalo el inventor de la “cafetera” autonómica; responsable principal, como ministro para las Regiones, del modelo territorial español.

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Dio en el clavo al asegurar que si había que repartir café debía ser para todos. Suyo es, por tanto, el tan traído y llevado  “café para todos”,

Resolver ese problema permitió a Suárez seguir lidiando con los otros toros de divisa franquista, y para ser justos su balance fue más que aceptable.

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Exceptuando la sangre producida por el terrorismo, que no pudo parar, logró que los españoles se reunieran para arreglar sus asuntos sin matarse, parlamentando y creando leyes democráticas.

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No pudo sortear una fuerte crisis económica y la deserción de sus coaligados por lo que sin apoyos optó por hacerse a un lado y renunciar con honores en 1981 con la satisfacción, supongo, de haber logrado una titánica hazaña, ejemplo de buen hacer para todos aquellos países que salen de dictaduras.

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El régimen instaurado por Juan Carlos I y Adolfo Suárez Rodríguez , duque de Suárez  y  grande de España lleva 40 años hasta hoy, más que los de su antecesor con sus lógicos altibajos políticos y económicos, pero ahí sigue.

Sin embargo la historia no perdona y aquél café para todos, cual boomerang ha regresado.

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El fenómeno nacionalista siempre ha enfrentado a los borbones desde 1706 y a todos los que gobernaron en el ínterin hasta hoy mismo en que Cataluña está inmersa en un atolladero de consecuencias impredecibles a toda España, poniendo en peligro su unidad como nación, la más antigua de Europa, bajo un falso y malformado independentismo.

Muchos catalanes cada 11 de septiembre celebran “La Diada” como su Fiesta Nacional Con los años, la propaganda y el fervor del pueblo desinformado, los políticos nacionalistas catalanes, han logrado una especie de metamorfosis histórica celebrando, por ejemplo, una fecha que no recuerda nada para celebrar pues

En realidad lo que ocurrió el 11 de septiembre de 1714, fue que la ciudad de Barcelona se rendía a las tropas del rey Felipe V de Borbón, tras 14 meses de asedio.

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¿Luchaban los catalanes por su independencia? No, habían luchado por que pretendían colocar en el trono español durante la  Guerra de Sucesión Española a un rey extranjero, el archiduque Carlos de Austria, quien renunció tras perder la guerra en 1713, un año antes pero los catalanes decidieron seguir la guerra solos.

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Esta derrota trajo como consecuencia la abolición de las instituciones catalanas por parte del rey de España, el que habían pretendido derrocar, cambiándolo por otro que les ofrecía más y sin embargo los dejó en la estacada.

En un próximo artículo veremos que los que hoy gritan ¡independencia! no han inventado nada, excepto empeorar los errores pasados.

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