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|| Luis-Oberto Anselmi|| //
Villa La Lata es tierra de alguien

La preocupación de las vecinas es que la gente tiene miedo de entrar al barrio. Porque los medios de comunicación hablan de Villa La Lata solo para relatar los hechos que llenarán el espacio de las noticias policiales. Ellas no desconocen que el barrio es un escenario más de un contexto de violencia que por estos días no se puede negar.

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Pero no es el único barrio en el que pasa, ni es lo único que pasa en el barrio. De eso están convencidas Marcela, María y Ana que, sentadas en uno de los consultorios del Centro de Salud Nº 11, hablan de un proceso de articulación entre instituciones estatales, clubes, asociaciones civiles y organizaciones no gubernamentales que permitió un cambio de aire en la cotidianidad del barrio.

El Centro de Salud Nº 11 lleva el nombre original del barrio: Villa Corrientes.

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Está ubicado al 1300 de calle Amenábar, con un frente modesto que identifica al lugar con un pequeño cartel.

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Las vecinas atribuyen el proceso que atraviesa el barrio a un cambio en el trabajo de esta institución.

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Marcelo Marcucci, director del Centro de Salud, dice que el equipo de trabajo busca desde diciembre pasado cambiar el paradigma de las relaciones de las instituciones con los territorios.

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“Somos militantes de lo público”, asegura. “Nosotros somos empleados públicos y debemos pensar en el público. Yo lucho por las condiciones de trabajo, por tener lo mejor para mis compañeros, pero eso se tiene que reflejar en la gente.

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Si no, no sirve”, dice Marcucci. Cuando habla de pensar en el público se refiere a salir a caminar las calles del barrio, conocer a los vecinos más allá de aquel que por algún motivo puntual se convierte en paciente ocasional.

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Así, dice, se van tejiendo las relaciones en el barrio, generando redes con otras instituciones, recuperando la pertenencia en las calles que la vorágine individual insiste en arrebatarle a los barrios rosarinos.

En el año 2003 el diario La Nación publicó una nota sin firmar en la que menciona a Villa La Lata como un “barrio de emergencia” y destaca que está situado a unas diez cuadras del centro de la ciudad.

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Habla de un destacamento policial móvil de la Unidad Regional II instalado en la esquina de Corrientes y Gaboto, y luego menciona la detención por parte de la Policía Federal de un cabo de la Santafesina vinculado al comercio de drogas en la zona.

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Trece años después, el destacamento policial ya no está. Los problemas que llevaron a la instalación del destacamento como supuesta solución, sí. Pero los vecinos del barrio, los clubes, las asociaciones civiles y demás organizaciones, también.

Crear vínculos

Los vecinos de La Lata, a quienes en esta charla representan Marcela, María y Ana, entendieron que un camino para recuperar el sentido de pertenencia del barrio y la seguridad de caminar por sus calles es el fortalecimiento entre las distintas entidades de la zona.

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Por el mismo lado fue el equipo del Centro de Salud del que están a cargo Marcucci y su equipo de agentes sanitarios y médicos.

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“Nos movilizó cambiar la forma de trabajar con la gente. Que los profesionales estén en la calle. Necesitamos conocer a la gente para poder ayudarla y pensar juntos algunas estrategias”, dice Marcucci.

En ese andar fue que se fortalecieron los lazos con otros espacios: la Escuela 659 “General San Martín”, la Casa Popular Vientos del Sur, el Polideportivo 9 de Julio, la Vecinal Acera, el Taller Libertad, el Club Atlético Belgrano, el Centro Cultural La Coope, la ONG El Desafío, entre otras.

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“Entre cada institución nos enteramos de determinadas situaciones. Entonces trabajamos en conjunto, sabemos que hay una institución que realiza talleres, ellos saben que está el Centro de Salud, y así podemos aportar para mejorar esas vida”, dice Marcucci.

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Aunque, reconociendo las limitaciones propias de cada entidad, agrega: “La idea es trabajar articuladamente con las instituciones territoriales.

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Y, aunque muchas veces el techo está muy bajo y no podemos dar respuestas, sí podemos descomprimir algunas situaciones”.

“Los chicos están más contenidos”, dice María sobre la actualidad de los jóvenes en el barrio.

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Aseguran que, en parte, es el resultado de este proceso. Así se intenta recomponer las relaciones entre los vecinos, más allá de las edades y los procesos culturales y sociales de cada sector del barrio.

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Es que donde hay espacio, hay un desafío: ocuparlo. Con ideas, que luego son proyectos, trabajos colectivos y quizás también resultados tangibles. Buscan, en fin, que La Lata se reconozca como tierra de alguien.

Lo destacable de este proceso es también el cambio de paradigma que se propone una institución estatal de fundamental importancia como lo es un centro de salud.

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Un cambio de paradigma que implica preguntarse qué rol cumple la institución, para quién trabaja y cómo entonces debe realizarse ese trabajo.

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“Hay que conocer las condiciones en la que vive la gente para buscar una respuesta”, dice Marcucci y habla de las dificultades internas: “Nos estamos acomodando hacia el interior del Centro de Salud con las turbulencias que eso genera, porque nadie quiere que le cambien las cosas”.

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Pero el cambio es lógico, dice y pone ejemplos concretos: antes los vecinos podían sacar turnos solo los lunes, mientras que actualmente pueden hacerlo de lunes a viernes de 7.30 a 17.30.

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También hacen recorridos por el barrio, realizando seguimiento de los pacientes o atendiendo necesidades puntuales de vecinos que no se pueden movilizar.

La experiencia del Centro de Salud “Villa Corrientes”, por sí sola habla de otro desafío.

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El que implica superar la experiencia de una institución puntual y replicarla en los territorios donde la presencia del Estado suele ser escasa y, por tanto, causa de muchas de las problemáticas que se padecen.

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La falta de articulación en las distintas áreas del Estado encargadas de trabajar en los sectores populares es una realidad de la que hablan los propios trabajadores.

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El caso de Villa La Lata, entonces, es el ensayo de una contrapropuesta que requiere repensar la participación y presencia del Estado en los territorios.

Este viernes 16, el Centro de Salud celebrará su cumpleaños número 26.

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Desde la mañana realizarán actividades de distintas disciplinas para niños y niñas junto a vecinos y otros espacios del barrio.

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Será una jornada especial, pero a su vez un día más en una forma cotidiana de “militar lo público”.

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