Tronco e`Vaina

Humberto Ramirez Urdaneta Terrell //
Navaja de Ockham

Ockham es una diminuta aldea cerca de Londres. Hace casi 800 años era un pequeñísimo y hermoso poblado en la campiña inglesa de donde salió un mozalbete, Guillermo de Ockham, para formarse en conventos franciscanos en Londres y Oxford; luego enseñó en la Universidad de París. Junto a San Agustín, Santo Tomas y Giordano Bruno, construyó la filosofía medieval. Fue uno de esos padres anónimos de la democracia liberal. También fue uno de los mayores críticos de la ostentosa riqueza de la Iglesia y del papado, que se contraponía, vergonzosamente, a la pobreza franciscana liderada por Guillermo.

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Su crítica mordaz generó tal controversia que el papa lo conminó a asistir a Aviñón, lo sometió a arresto domiciliario y lo acusó de hereje.

Guillermo de Ockham, como fraile franciscano, creó un principio filosófico o metodológico: ?en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser más probable?.

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Dicho de otra forma, cuando dos teorías tienen las mismas consecuencias, la teoría más simple tiene más probabilidades de ser correcta.

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Y esto también se ha aplicado en ciencia al desarrollar modelos teóricos, aunque en este ámbito se acepta que ?la explicación más simple y suficiente es la más probable, más no necesariamente la verdadera?.

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En ocasiones la opción compleja podría ser la correcta pero deberíamos preferir la más simple.

El principio eliminaba términos y definiciones complejas, frecuentemente innecesarias, promovidas por clásicos como Platón.

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Fue por ello que, casi dos siglos después, se aceptó que el principio de Ockham ?afeitaba como una navaja las barbas de Platón?.

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Por ello se le llamó la Navaja de Ockham. El principio también se ha aplicado en economía, lingüística, teología, biología (¿resultaría más simple suponer que un dios lo creó todo a que aceptemos la teoría de la evolución?), estadística (para explicar y analizar modelos de regresión lineal múltiple), inclusive en música y medicina (el médico, con sentido común, debe explicar los síntomas y signos del paciente de la manera más sencilla).

Este principio nos ayudaría a encontrar la explicación más simple de tantas cosas inexplicables: no nos hemos puesto de acuerdo en cómo hacer la paz luego de décadas de muertes, haciendo la guerra; en La Fantástica, escoger a dedo ha resultado mejor que la elección popular de alcaldes; lo atípico en Cartagena se ha vuelto típico; el silencio de los inocentes dirigentes de la ciudad, varios de ellos tras las rejas; la falta de autoridad que permite el pillaje y la rapiña a todo nivel; la lenta marcha de proyectos de ciudad que culminan, con frecuencia, en sinfonías inconclusas.

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Sin embargo, el universo, y la realidad, no son ordenados y simples. Todo indica que son complejos y caóticos. El pobre Guillermo, perseguido, murió un 9 de abril, en Múnich, por la peste.

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