¿Y esta Vaina?

Carmelo Urdaneta Colombia//
Tarifas y aranceles

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En la madrugada de ayer, los Estados Unidos de América impuso aranceles a $34 billones en bienes provenientes de la República Popular China. Ello como penalidad a Pekín y, según uno de los asesores comerciales de la Casa Blanca, Peter Navarro, por su mala conducta en términos de prácticas comerciales injustas y violaciones a la propiedad intelectual; el primer golpe de lo que se perfila será, según los medios, una intensa guerra comercial. Pero ¿cuál es su significado y cuál será el impacto de esta en las semanas y meses venideros? Las ansiedades ya comienzan a asentarse, de los dos lados.

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Primeramente, según el periódico británico The Guardian, los mercados de valores asiáticos comenzaron su jornada en la baja en respuesta a las incertidumbres que los aranceles presuntamente traerían. Esto refleja una preocupación particular alrededor de aquellos sectores económicos chinos que todavía son dependientes de las exportaciones hacia los EE.UU. y que, en definitiva, cargarían con el peso mayor de los gravámenes recientemente colocados por Washington. En ese sentido, la penalidad se percibe exitosa: castigar a Pekín en aras de lo que se consideraría prácticas no apropiadas al envolverse en el comercio mundial y principalmente con sus contrapartes estadounidenses.

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Esto, se presume, es bueno no solamente para los sectores del establishment que abogan por medidas agresivas, reflejo de un tajante nacionalismo económico, sino también para las gradas; un público y audiencia favorable a Trump, quien, en el reflejo de su ansiedad colectiva y de la eterna búsqueda de un chivo expiatorio a los males socioeconómicos que les aquejan, aplauden el gesto y abrazan la expectativa de una mejoría eventual, que podría venir, o no. El otro lado de la moneda es precisamente este: los gravámenes no necesariamente reflejarían negativamente en los múltiples sectores que componen la economía china. Si las tendencias actuales apuntan a que China, en efecto, ya no depende tanto de las exportaciones, el impacto a este grupo solo afectaría una porción de su economía. No solo algunos productores chinos moverían sus operaciones a México o Estados Unidos, una buena parte de estos estarían dedicándose enteramente al mercado interno. Así es, 1.3 billones de consumidores en un mismo territorio es probablemente el mejor amortiguador disponible para Pekín en estos momentos.

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Entonces, ¿quién se afecta en este lado del mundo? Primeramente, los granjeros de la soja (soya bean), principalmente en el estado de Iowa. Estos, no han cesado de repetir sus preocupaciones alrededor del hecho eventual de aumento de precio en su producto. Tienen razón para expresarlas. Si, en efecto, como dice la Asociación Nacional de Procesadores de Aceite de Semillas (NOPA, por sus siglas en inglés), a la altura de 2017, el principal destino de la soja cosechada en los Estados Unidos es China, a la sazón de 31 millones de toneladas métricas, un 63 por ciento del total mundial que sale de EE.UU., entonces nos encontramos ante un dilema particular. China, puede buscar su grano en otra parte del mundo (aunque dudo que otros países puedan equiparar la oferta en este renglón), pero el impacto a los agricultores de la soja impacta una región que le dio casi incondicionalmente su voto a Donald Trump. Las consecuencias electorales que pueda tener ello acercándose noviembre estarán por verse

Pero habrá que preguntarse si el argumento, a pesar de su fuente, tiene mérito. Según Nick Butler en el periódico Financial Times, a pesar de la cuestionable autoridad y el tono abiertamente hostil de Trump, China provoca cautela en otras capitales del mundo. Su iniciativa de integración comercial, titulada Belt and Road Initiative es visto con sospechas en las capitales europeas, que resienten la incursión de China en sus mercados y su ambición de asirse con bienes considerados estratégicos. No cabe duda, hay que pararse de frente a China, confrontarle con sus prácticas, pero crear animosidad con la segunda economía global puede tener un efecto negativo en una dinámica global donde los nexos de interdependencia compleja son estrechos. El diálogo multilateral, además del recordatorio necesario de posibles ventajas mutuas en él, deberán ser punto de partida crítico en la suavización de las hostilidades