Ni de Vaina

Arquitecto Luis Oberto Anselmi||//
Sembrando y cosechando

“…no hagas lo que no quieres que te hagan;

y no pienses que tus sueños son los sueños de todos

porque terminaras siendo injusto y perderás el poco respeto

que tus muertos te han legado…”

Isabel T. Añez S.

(Palabras de mi madre)

Por: Ramón E. Azócar A. *

En la breve y finita existencia humana, los hombres tendemos a pensar en lo infinito de nuestros actos y en la realidad de que todo cuanto hagamos en nuestra vida terrenal será revertido, si son actos buenos, tendremos buenos frutos; si son actos malos, tendremos frutos podridos que no solamente afectarán nuestro legado, sino a nuestra descendencia.

Revisando el papel de Trabajo del Plan de la Patria 2019-2025, encontramos algunos aspectos que se responden a través de esos buenos actos que como Gobierno se han hecho y que reivindican al pueblo en su papel protagónico y de soberanía absoluta sobre el territorio y las instituciones del Estado.

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Pero también hemos tenido malas acciones, se ha olvidado articular las estrategias de dirección del proceso revolucionario, hacia un horizonte que desmonte el Estado burgués y que ponga en evidencia las intenciones del imperialismo de tomar bajo la figura de los acuerdos de cooperación, espacios para usurpar nuestras riquezas naturales.

El grave problema que confronta el proceso revolucionario en Venezuela es la confusión que aún se tiene en cuanto al nuevo modelo productivo.

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No se trata de volver a las ideas del siglo XIX, de un socialismo estatista, controlador, se trata de ir hacia adelante, más allá del modelo capitalista salvaje, bien podría decirse pasar de la figura del socialismo salvaje, ese que planifica y centraliza la toma de decisiones, para ir a un socialismo corporativo, integrador y holístico, donde lo privado sea estimulado para acrecentar su mercado y colocación de los productos, y lo público sirva de estructura de contención ante las potenciales acciones desenfrenadas propias de los sistemas donde las ganancias y la especulación, son vicios que están a la orden del día.

Desde los finales del siglo XVIII, y a través del siglo XIX y siglo XX, pensadores y organizaciones socialistas, han presentado sus posturas acerca del significado concreto del socialismo como estructura de organización y planeación de las políticas públicas hacia la sociedad.

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Para Thomas Spence, el socialismo era captado como la organización en la tierra de granjas y de la industria, poseída por compañías de capital común, donde todos los granjeros votando con sus acciones, ejercían la toma de decisión; por su parte San Simon, lo apreciaba como un sistema de corporaciones voluntarias, donde cohabitan socialistas ricardianos (impulsadores de las ideas de David Ricardo) y las cooperativas de trabajadores; para Owen, el socialismo en la práctica se materializaba a través de las cooperativas industriales y cooperativas de comunidades internacionales; a juicio de Fourier, el socialismo no tenía sentido alguno en lo local, su impacto era mínimo, debía considerarse en el ámbito de la comunidad internacional; Cabet, a todas estas, entendía el socialismo en el marco de la Industria poseída por la municipalidad, “commune” en Francés, de ahí lo de comunismo, en donde todos contribuían y todos obtenían reparticiones equitativas de la plusvalía de la industria; Flora Tristan, concibió el socialismo como cooperativas de trabajadores al servicio de un bien común; a juicio de Proudhon, el socialismo se cimienta en la articulación de las cooperativas de trabajadores financiadas por la figura de un Banco Popular, donde a través de una membrecía activa en el sindicato se emitiera créditos a favor de los trabajadores; Greene, describió el socialismo como un sistema de banca mutualista que permitiera a los granjeros y obreros poseer sus propios medios de producción; Lasalle, apreciaba el socialismo como cooperativas de trabajadores financiadas por el Estado, siendo condenado por Karl Marx como un “socialista estatista”; el propio Marx, entendió el socialismo como un “sistema nacional de producción cooperativa”; Tucker, destaca lo de sistema mutualista de banca que permita a campesinos, granjeros y trabajadores poseer sus propios medios de producción; Dietzgen, veía el socialismo más en un sentido de producción cooperativa; Parsons, comprende el socialismo como una amalgama entre propiedad y control obrero de la producción, donde todas las partes se benefician; Vanderveldt, comprendía el sistema socialista como una “cooperativa gigante”; el Partido Socialista Obrero alemán, veía el socialismo como la industria poseída y dirigida democráticamente a través de los Sindicatos Socialistas Industriales; el Partido Socialista de Estados Unidos de Norteamérica, entiende el socialismo como el control obrero de la producción; para el Partido Socialista de Canadá y el Partido Socialista de Gran Bretaña, el programa socialista parte, a su juicio, de la propiedad común, democráticamente dirigida; todos estos socialismos tienen en común un deseo de crear una economía en donde todos tengan participación y donde la voluntad de uno sea la voluntad de todos.

En los documentos del Partido Socialista Unido de Venezuela, se ha mantenido la definición que le diera el Comandante Hugo Chávez al socialismo: “El Socialismo es democracia y la democracia es socialismo en lo político, en lo social, en lo económico”.

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Esta visión de socialismo a la venezolana se ha buscado articular partiendo de la justa redistribución de la renta y con el fin de hacer sostenible y ampliar las garantías de los derechos sociales.

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En lo que no se ha puesto atención es que esa distribución debería ser proporcional a la inversión interna para consolidar la capacidad de respuesta de la industria que hemos calificado de todos los venezolanos, es decir, Petroleos de Venezuela, Sociedad Anónima (PDVSA).

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El Gobierno ha buscado diversificar las relaciones económicas internacionales, fortaleciendo la independencia y la soberanía, propiciando un proceso de transferencia tecnológica Ilamado a constituir una poderosa palanca para la industrialización del país, pero en este sentido la confrontación con el imperio de los EE.UU., ha ocasionado sanciones económicas que hoy impiden toda posibilidad de materializar esa tan anhelada diversificación.

Un logro del Gobierno bolivariano ha sido el inicio del proceso de nacionalización y recuperación de numerosas empresas de importancia estratégica para la nación, la mayoría de ellas con severos rezagos tecnológicos y precaria salud fiscal, pero que eran necesarias para impulsar iniciativas como la Gran Misión Vivienda Venezuela; el problema en este aspecto ha sido que muchas de esas empresas nacionalizadas hoy día están desiertas, se han anulado y no están operativas.

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En cuanto a lo tecnológico aún se está bajo la figura de desarrolladores noveles que no terminan de crear mecanismos de punta que nos haga independientes de los sistemas de comunicación e información de las grandes naciones desarrolladas.

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Acá sí valía convenios estratégicos de cooperación pero al cerrarse las vías diplomáticas con países capitalistas, se ha cerrado totalmente nuestra inserción al mundo global en todas y cada una de sus nuevas formas y maneras de comunicarse

El Gobierno bolivariano ha incrementado, considerablemente, la superficie agrícola cosechada; entre 1998 y 2010, la superficie de tierra cosechada aumentó de 1.638.923 a 2.433.943 hectáreas (49% de incremento); la producción agrícola nacional creció de 17.160.577 a 24.686.018 toneladas (44% de incremento), y la producción agrícola pecuaria nacional, de 2.575.443 a 4.699.120 toneladas.

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El problema que ha reportado esta realidad es que la gran mayoría de los insumos para coadyuvar el trabajo agrícola no se producen en el país y las exportaciones, al tenor de un dólar que no existe y que está por encima de las posibilidades de acceso por parte de la economía venezolana, este incremento de cultivo ha quedado varado en el tiempo y esto recrudece la sensación de escasez y deterioro de la capacidad productiva en el país para satisfacer las necesidades de todos.

El Gobierno bolivariano, ha invertido en la creación de nueva infraestructura vial y de transporte: líneas férreas, entre las que resaltan el ferrocarril de los Valles del Tuy, líneas del metro de Caracas, metros de Maracaibo, Valencia y Los Teques, el Cabletren Bolivariano y el Sistema Caracas-Guarenas-Guatire; los Metrocables Mariche y San Agustín; entre los más destacados, el problema es que estas grandes obras están paralizadas algunas o están a media máquina las otras, no hay la consecución ni valoración del impacto de concluir trabajos que busquen satisfacer a los usurarios de estos sistemas de transporte, creando, como daño colateral, grandes obstáculos en las vías tradicionales e inhabilitando algunas rutas que permitían el fluido normal del transporte automotor.

Otro alcance del Gobierno bolivariano, al cual se le ha dado mucha publicidad, es al impulso del desarrollo de la industria petroquímica, pero se descuidó la seguridad industrial y hoy día los avances en este sector transitan entre contingencias, retrasos y pérdidas de materias primas valiosas.

El Estado ha sembrado y ha cosechado, sus propias debilidades y fortalezas; ha sido fuerte para defender el estatus de independencia y soberanía nacional, pero ha sido débil para combatir los vicios humanos que ha minado la administración pública y con ello toda la superestructura burocrática del Estado.

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Se vive en un Estado con ideales humanistas, llevando los procesos de gestoría de los asuntos públicos en una realidad desordenada, incierta y altamente corrupta.

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No se está frente a un Gobierno socialista en sus principios básicos, sino frente a un Gobierno donde las empresas expropiadas han quedado en un vacío productivo, donde el ejército y la policía, en conjunción con la milicia bolivariana es presentada como instancias de dominación para asegurarle estabilidad al Estado; y donde el poder político rechaza, de facto, la estructura de la democracia federalista, y apuesta por una democracia centralizada y fuerte, entendiendo por fuerte, las victorias consecutivas en actividades electorales donde ha privado la ausencia de alternativas opositoras y por ende se le ha cedido todos los espacios al Gobierno vigente.

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Este perfil demagógico del socialismo estatista fue lo que calificó Marx y Engles, como el “…marchitamiento del Estado”, donde el problema se presenta en la concreción de un escenario en que los partidos no terminan de comprender la razón de ser humanista, sino que ven la sectorización de la política y el secuestro de las instancias de decisión, por pequeños burócratas que disfrazados de ideólogos de un nuevo tiempo, no son más que corruptos de cuello blanco lapidando el erario público.

A pesar de estas fallas aún subsiste una esperanza para la reorientación del proceso bolivariano y la posibilidad de darle mayor gobernanza en el marco de un sistema político que priorice lo humano por encima de lo económico y financiero.

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Apostar a la destrucción del sistema capitalista moderno no debería ser el objetivo de un socialismo con raíces humanísticas como el bolivariano, la apuesta debe estar enmarcada en la consolidación de una alianza de tolerancia y reencuentro, donde el capitalismo global cohabite con el ideario socialista pero que esa unidad de tolerancia y cooperación, parta de reglas claras en las cuales se respete la autodeterminación de los pueblos y la independencia y soberanía del pueblo venezolano.

Nada se está inventando al querer relanzar el socialismo de una economía liberal-capitalista hacia una economía mixta; la economía mixta recurre al mercado para asignar los recursos, pero el Estado interviene para regular su funcionamiento, incorpora elementos de la economía de mercado libre y de la economía planificada, o una propuesta en la que coexistan la propiedad privada del capitalismo y la propiedad colectiva del socialismo.

La idea básica es incluir en el sistema económico venezolano el criterio social, que amplié la ética, justicia social, bienestar social, gestión sustentable del medio ambiente, creando condiciones para el debate democrático.

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Tal como expresa Jeffrey Sachs en su libro “La Economía Mixta y Estado y Modernización Económica”: dice: “…Los mercados y también el gobierno asumiendo los pobres la responsabilidad por el medio ambiente, por la infraestructura, y cuando contemplo las partes del mundo que funcionan mejor, me gustan mucho las economías, por ejemplo, en los países escandinavos, Noruega, Suecia y Dinamarca, donde tienen una economía de mercado privado, pero el gobierno también asume la responsabilidad del sector salud, la infraestructura básica, la educación, crea una distribución más equitativa del ingreso, y resuelve mejor los problemas medioambientales, y es un poco más justa…”

La pregunta ante tanta polémica estéril es: ¿queremos solucionar las cosas en Venezuela? ¿Hay la intención real de buscar una salida que reivindique el pensamiento de Hugo Chávez y atienda las expectativas de las nuevas generaciones hacia un modelo político y económico que les brinde posibilidades de equilibrio y sustentabilidad en sus proyectos de vida?

Siempre la solución es de “voluntad”, si hay voluntad política es posible minimizar los obstáculos y darle, de manera práctica y real, una oportunidad a la paz.

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Es tiempo en el cual la realidad nos somete a la necesidad de negociar, de perder algunas migajas de pan para ganar el saco entero de trigo que alimente no a esta generación, sino a las generaciones por venir.

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De algo estoy seguro, las generaciones que vengan y lean mi postura como académico e intelectual, sabrán que siempre fui un revolucionario defendiendo la revolución con la razón y no con el obtuso y nada objetivo corazón, porque las pasiones no conducen a los pueblos a su despertar, sino a sucumbir eternamente en el letargo de la ignorancia.

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