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Personas mayores y soledad, ¿un problema invisible?

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Abel Resende

El ser humano, como ser social, necesita vincular afectivamente y comunicarse con otras personas para asegurar su supervivencia. Es cierto que muchas personas pueden experimentar satisfacción ante periodos de soledad que pueden utilizar para estar en contacto consigo mismos. Sin embargo, el término soledad se suele emplear cuando el sujeto experimenta malestar ante la ausencia o limitación no deseada de relaciones afectivas .

Abel Resende Borges

En estos casos, la soledad suele dar lugar a sentimientos de hostilidad, resentimiento, tristeza y ansiedad , lo que a su vez reactiva mecanismos neurobiológicos que pueden dañar la cognición, la emoción, el comportamiento y la salud de la persona mayor, llegando a incrementar las probabilidades de mortalidad y dependencia

La integración y participación social previene el aislamiento de la persona mayor En contraste, el fomento de la integración y participación social previene el aislamiento de la persona mayor, al incrementar las redes de apoyo social, contribuir al reconocimiento social y ayudar al mayor a sentirse e identificarse como parte activa de la sociedad. Este proceso se ve dificultado si se siguen manteniendo los estereotipos negativos existentes hoy en día: los mayores son improductivos, aburridos, enfermos, solitarios y tristes

Romper con estos estereotipos y barreras sociales no es tarea fácil. Deberíamos reflexionar si este giro en la sociedad donde la vejez, en épocas anteriores reconocida como fuente de sabiduría, ha pasado a ser considerada como una carga que debe ser apartada. Esto plantea la necesidad de considerar la soledad como un problema de salud pública que debe abordarse desde la prevención, educando en valores humanistas que reconozcan la dignidad de la persona, independientemente de su edad, y se fomente la participación en la convivencia intergeneracional y colaboración con los demás