¿Cómo es la Vaina?

49 Madrid Tomas Elias Gonzalez Ramirez //
La espada de Bolívar no avanza por el continente

La propia Venezuela, a raíz de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 que ganó la oposición ampliamente, emitió una señal de cambio hacia el resto del continente que está presenciando con creciente preocupación la profunda crisis económica, política, institucional y social que padece el país Los nuevos gobiernos que han asumido en los últimos meses en América Latina están generando una nueva correlación de fuerzas en la región que se ha expresado con especial dureza, primero, en el seno de la Organización de Estados Americanos (OEA) y, más recientemente, en el Mercado Común del Sur (Mercosur). En estos foros, la administración de Nicolás Maduro ha tenido que emplearse a fondo en unas aguas que Caracas dominaba con facilidad y que le dieron no poco respaldo internacional, especialmente durante los 15 años que Hugo Chávez estuvo al frente de Miraflores.

El cambio comenzó a gestarse en las elecciones presidenciales de noviembre de 2015 en Argentina con el triunfo de Mauricio Macri ­en las antípodas ideológicas del chavismo­, quien durante su campaña electoral anunció un radical cambio de política hacia Venezuela.

Durante más de 13 años de los gobiernos de Néstor Kirchner y de su esposa Cristina Kirchner, Caracas contó con ese firme aliado en el Cono Sur.

El otro gran giro regional vino a raíz de la crisis política que se desató en Brasil en el primer semestre de 2016 y que llevó a su presidenta Dilma Roussef a apartarse de la presidencia para someterse a un juicio político que se dilucidará una vez concluidos los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro y que la pueden apartar definitivamente del poder junto a su Partido de los Trabajadores. Roussef y especialmente su antecesor, el carismático Luiz Inazio “Lula” Da Silva, también fueron importantes soportes del gobierno bolivariano durante más de 14 años.

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El nuevo presidente brasileño, Michel Temer, con el apoyo de partidos de centro y centro-derecha y en funciones desde el 12 de mayo, ha dado una nueva orientación a la diplomacia brasileña respecto a Venezuela.

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Y es bien conocida la influencia que Brasil tiene en la región por su peso demográfico, extensión geográfica y desarrollo económico.

El tablero geopolítico latinoamericano también se ha visto trastocado por otros acontecimientos como el reciente triunfo en Perú de Pedro Pablo Kuczynski, más a la derecha que su antecesor Ollanta Humala.

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En Bolivia, el Presidente Evo Morales, entre los más fieles aliados de Chávez y Maduro, si bien continúa firmemente en el poder, sufrió una llamativa derrota en el referéndum que promovió en febrero de 2016 para permitir su reelección en 2019, lo que abre nuevos escenarios en el país del altiplano a mediano plazo pues el popular líder indígena no podrá presentarse para un nuevo mandato.

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En Paraguay, la derecha retomó el mando desde que en 2012 fuese destituido el presidente Fernando Lugo y se ha convertido en una importante piedra en el zapato en la política exterior de Venezuela.

De los otros gobiernos de izquierda, sólo el del presidente Rafael Correa en Ecuador se mantiene como estrecho aliado de su par Nicolás Maduro.

Están previstas elecciones presidenciales para 2017 donde no podrá presentarse el actual mandatario, aunque éste logró aprobar una reforma constitucional que permite la reelección presidencial a partir de 2021.

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Michelle Bachellet y Tabaré Vásquez, presidentes de Chile y Uruguay, respectivamente, mantienen políticas exteriores independientes de la de Caracas y en ningún caso se les puede considerar aliados incondicionales como sí lo son los países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA).

La propia Venezuela, a raíz de las elecciones parlamentarias de diciembre de 2015 que ganó la oposición ampliamente, emitió una señal de cambio hacia el resto del continente que está presenciando con creciente preocupación la profunda crisis económica, política, institucional y social que padece el país.

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La Mesa de la Unidad Democrática (MUD) está propiciando un referéndum revocatorio del mandato del presidente Maduro que podría producirse este año o en 2017 y está en ciernes un proceso de diálogo y negociación entre Gobierno y oposición bajo el patrocinio de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) con el concurso de los expresidentes José Luis Rodríguez Zapatero, de España; Martín Torrijos, de Panamá y Leonel Fernández, de República Dominicana.

YA NO HAY TANTOS AMIGOS El gobierno de Nicolás Maduro cuenta así con un apoyo duro significativamente menor en el ámbito regional del que tenía hasta hace un año y que ahora se circunscribe a Bolivia y Ecuador en América del Sur; Nicaragua y El Salvador, en América Central y un grupo más amplio en el Caribe, constituido por Cuba, Haití, República Dominicana y una importante proporción de los países anglófonos agrupados en la Comunidad del Caribe (Caricom), donde Miraflores cosechó amplias amistades fruto de su diplomacia petrolera.

Pero incluso, entre las antiguas colonias británicas pueden apreciarse hoy en día algunos resquebrajamientos.

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Es el caso de Guyana, con quien Caracas escenificó un agrio enfrentamiento verbal y una creciente tensión política en 2015 al avivar los reclamos territoriales que mantiene con esa nación.

Esta nueva correlación de fuerzas pudo apreciarse claramente en ocasión de la convocatoria del Consejo Permanente de la OEA por parte de su secretario general, Luis Almagro, el 23 de junio de 2016, para presentar su informe sobre Venezuela al invocar la Carta Democrática Interamericana de ese organismo.

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Allí, 20 países del continente americano aprobaron la inclusión de ese punto en la agenda del día contra 12 naciones que respaldaron a Caracas para retirarlo, mientras que 2 se abstuvieron.

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En esta oportunidad llamó la atención la posición de algunos estados caribeños que no se alinearon con el gobierno de Maduro, como es el caso de Surinam y de Santa Lucía, país este último que se abstuvo, y ambos miembros del ALBA.

Otras naciones caribeñas que prefirieron hacer distancia con Venezuela fueron Jamaica, Belice, Barbados, Bahamas y Trinidad y Tobago, país que se abstuvo.

EL SUR CAMBIÓ DE POLO El otro escenario donde se está poniendo a prueba la medición de respaldos es Mercosur, donde se desató una importante crisis ante la negativa de algunos de sus estados miembros a traspasar la presidencia pro tempore a Venezuela, a quien le corresponde por orden alfabético, aduciendo la crisis institucional que vive y la falta de garantías democráticas que le señalan.

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Únicamente Uruguay se manifestó dispuesta a realizar el traspaso automáticamente, mientras que Paraguay, Brasil y Argentina pusieron serias objeciones.

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Lo que normalmente hubiera sido una rutinaria y burocrática actividad pasó a la categoría de problema regional que puso en aprietos al gobierno de Maduro.

El caso de Mercosur tiene una arista que hasta el momento no ha recibido mayor atención y es el hecho de que ese organismo de integración económica cuenta con su propia cláusula democrática que establece la exclusión del país miembro donde se quiebre el orden democrático y no se garantice la plena vigencia de las instituciones democráticas.

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Contempla incluso sanciones comerciales o el cierre de fronteras. El Protocolo de Ushuaia, fue firmado el 24 de julio de 1998 en esa ciudad argentina por los miembros del bloque, Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina, más Chile y Bolivia como estados asociados.

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Venezuela se adhirió en 2012 en la oportunidad de su entrada en Mercosur.

Su invocación no está en la primera línea del frente en estos momentos, como sí lo está en el seno de la OEA.

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Sin embargo, como bien editorializó el influyente The New York Times esta semana, Mercosur está en posición de presionar al gobierno venezolano para que realice cambios si quiere asumir la presidencia del organismo.

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Para el rotativo neoyorquino “estos pasos podrían incluir la liberación inmediata de todos los presos políticos, permitir la celebración este año del referéndum (revocatorio) y autorizar la entrega de ayuda humanitaria en zonas afectadas por la escasez de comida y medicinas”.

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A su juicio, “una postura firme y de principios” de Mercosur “beneficiaría a todo el hemisferio”. Su cláusula democrática serviría de Espada de Damocles.

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